3 claves para empezar a cuidarse a uno mismo

La mayoría no nos cuidamos como deberíamos o no sabemos cómo hacerlo. No nos enseñan. Es lógico, estás en el viaje de la vida pero eres persona. Tienes un carácter… tienes una vida y tienes una serie de asuntos que están alrededor y es fácil caer en no cuidarnos como nos merecemos. ¿Cómo empezar a cuidarnos a nosotros mismos y a nuestro cuerpo físico? Aquí unas cuantas claves que funcionan.

Que conozcamos bien la teoría no quiere decir que podamos ser un ejemplo absoluto. Ninguno de los que estamos vivos todavía estamos iluminados y por lo tanto no tenemos todo eso implementado, ni mucho menos. Estamos en camino, y unos llevamos más tiempo que otros pero eso no quiere decir que no podamos tener un despiste. Exactamente igual.

Es por eso que hoy comparto con vosotros unas cuantas claves para empezar a cuidarnos desde la nutrición y la consciencia, para acercarnos más a nosotros y poco a poco ir avanzando en el cuidado de uno mismo y una nutrición más satisfactoria.

 

1. Estar cerca de uno mismo, poner consciencia en el cuerpo: ¿Qué me está pasando?

La primera es todo un trabajo de acercarse a uno mismo: estar muy cerca de uno, estar en contacto con lo que me está pasando físicamente. No hace falta hacer nada muy grande: ni grandes entrenos ni grandes dietas. Solo estar muy cerquita. Y eso al principio cuesta muchísimo, no nos enseñaron de pequeños a hacer esto.

Yo un ejercicio que propongo es buscar tres veces al día en que paro todo lo que estoy haciendo y pongo atención a cómo está mi cuerpo: cierro los ojos un momento y hago un pequeño recorrido, viendo cómo está mi respiración, cómo noto todo mi cuerpo, si noto alguna zona más cargada o menos, si tengo sensación de hambre, o si tengo la vejiga llena tengo que ir al lavabo. A veces ni nos damos cuenta… Vamos aguantando y aguantando: “No, que termino una cosa…” y estamos ahí, nos estamos muriendo de sed y seguimos… sin atender a nuestras necesidades más básicas.

Funciona muy bien ahora que vamos todo el día con el móvil a todas partes, poner una alarma. Poner un cuenco, un gong… En el momento en el que suena el gong, se para el mundo un momento y voy a mí: paro, miro qué hay. Solo mirar lo que hay. Ya con eso se consiguen grandes cambios. Yo a eso lo llamo “El viaje de ir al centro”, de ir al eje vertical, de poner atención a qué me está pasando, dónde estoy. Y allí ya puedes corregir cosas pequeñas, no hace falta que hagamos un máster de cuidados… no. Son cosas muy básicas. Lo que ocurre es que nos despistamos. Tres veces al día: mañana, mediodía y noche.

 

2. Distinguir tipos de nutrición: cuándo es hambre y cuándo es sed

Cuando tenemos una sensación, parar un momento. No ser reactivos ante una sensación a hacer algo sino darme un tiempo para estar seguro. No pasa nada, yo me doy cuenta de que tengo sed, hace rato que lo estoy notando, pero estoy parando y estoy diciendo: “¿es sed?” “¿Es hambre?” “¿Es que me faltó algo de la ensalada y se me quedó corta?” Me permito estar ahí degustando la sensación… “¿Es un poco de ansiedad?” ¿Qué es exactamente?

Hasta que veo… “Sí que es sed”. Incluso ahí puedo jugar, imaginando que doy un sorbo, me quedo bien satisfecha… ¿Cómo sería? Entonces, cuando bebo, bebo con consciencia, viendo si esa sensación se marcha o no. Solo con esto, hay un cambio enorme. Pasas a ser dueño tú de tu vida.

3. Ser conscientes de cuándo hay realmente un tema emocional que solventamos con comida

Cada uno se conoce a sí mismo en la medida en que ha pasado toda la vida consigo, y es fácil ir detectando qué hábitos hemos ido teniendo y cuáles son nuestros patrones de comportamiento a nivel nutricional, si hemos ido poniendo algo de consciencia a lo largo del tiempo.

Por lo general, se ha hablado mucho de la adicción al chocolate en momentos en los que necesitamos recompensa o queremos aliviar algún estrés de nuestra vida cotidiana. Ahí hay una subida importante de azúcar. El chocolate nos da una serie de respuestas, tanto a nivel químico como a nivel emocional. Cuando hay una subida de azúcar, hay un falso estímulo que se segrega, pero a la bajada, cuando el efecto pasa, las consecuencias son notables en el organismo. Al igual que con el alcohol, el sistema depresor luego se comporta de forma diferente y más acelerada.

 

Es importante que cada uno tome consciencia de sí mismo, de su forma de funcionar y que desde ahí vaya haciendo pequeñas correcciones para estar más cerquita de sí. El objetivo de este “empezar a cuidarse” es estar más cerca de uno mismo, es escucharse mucho más y desde ahí poder implementar y poder ir cambiando cosas.